sábado, diciembre 23, 2006

De Desilusiones y Amaneceres

Nuevamente soy amiga de la madrugada. De su eterno y completo silencio. De su cruda honestidad. De su voz, su calor, su prisa y su detención. Madrugada que a diario encuentro despierta. Sueños entrecortados y voces lejanas me llaman, y no tengo más remedio que acercarme y encontrarlas.
Voces que, amargas y frías me obligan a encontrar sentidos que prefiero desconocer. Miradas que prefiero eludir. Sentimientos que no deseo tener. Y sin embargo, ahí en la madrugada, esa de amaneceres y tempestuosas emociones, no me deja eludirlos. Es entonces que sentimientos se agolpan, y sueños desaparecen. Que sensaciones se hacen evidentes, y que el pecho se siente más pesado que otras veces.
Es durante las eternas horas de la madrugada que me encuentro ante las desilusiones y las decisiones erradas. Ante las palabras que no debiesen haber sido dichas y ante las que podrían haberlas reemplazado. Y es ante el silencio que entonces resguarda mi estática presencia que debo encontrarme con las expresiones y memorias de quienes preferiría poder ver que tener que esperar. Y es en ese momento que encuentro todos los posibles argumentos, salidas y pasajes por los que podría salir de esa quietud de madrugada. Mas, no será tal el caso, no lo haré. Continuará la espera, con ella las desilusiones y las decisiones erradas. Algún día, desaparecerán aquellas, y las últimas ya no ocurrirán con tanta frecuencia. Tengo que seguir esperando...

jueves, diciembre 14, 2006

Cuestiones Dolorosas

Es interesante pensar en el dolor. Basamos variados aspectos de nuestras vidas evitándolo. Porque es poco deseable, es dañino, nos aleja de los lugares cómodos donde queremos encontrarnos. Sin embargo, el no sentirlo del todo, nos aleja de la sensación de sentirnos vivos. Ello porque si bien muchas otras sensaciones nos muestran la capacidad de sentir, no todas nos parecen reales. Nos alejan a su vez de los planos eminentemente materiales de nuestra existencia. El dolor nos despierta de parajes de ensueño que inventamos entre recuerdos y melodías.
En distintos niveles, nos libera. Libera sensaciones que, amontonadas dentro nuestro, no pueden liberarse de otro modo que no sea a través de cuestiones dolorosas. Sin dolor, llega la apatía, y con ella, la sensación de estar caminando adormecidos en medio de un mundo de niebla. Niebla que nos impide ver las formas del mismo. Que nos limita.

domingo, diciembre 10, 2006

Inquietudes

A veces es algo frustrante intentar dar con las cosas específicas que molestan, que nos alteran, que desordenan esquemas que nos demoramos bastante tiempo en poder construir. Pueden pasar semanas, meses, innumerables años, en que quizás no sepamos que lo que más nos inquieta, es lo que más conocemos.
Aquello desconocido logra irritarnos, logra agitar los frágiles hilos de los que nuestra cordura cuelgan inmóviles. Y sin embargo, tal como la brisa, una vez que se alejan, también lo hace su efecto. Aquello que es parte de nuestro orden habitual en cambio, parecer ser algo más molesto que aquellas cosas que creemos son más incómodas, por el hecho de ser desconocidas. Una vez que la incomodidad cesa, lo único que nos queda es lo que conocemos.
Son esas sensaciones que se alojan entre los delgados hilos. Que susurran despacio melodías que intentamos dejar de oír. Melodías que nos acercan a nuestros sentimientso, a los escalofríos que nos llenan, a la inquietud que nos mantiene despiertos cuando debiesemos descansar. Son los que llevan lágrimas a salir desde rincones que no pensamos existían. Que nos persiguen de formas que no entendemos del todo. Que nos obligan a sentir.
Las inquietudes de rostros y palabras conocidas son aquellas que más nos afectan. Las que nos llenan, que nos mantienen reconsiderando. Aquellas de las que huímos pues nos presentan imágenes que nuestra racionalidad aconseja dejar pasar. Sin embargo, entre el cómodo hilado de nuestro inconsciente, se mantienen, crecen, nos controlan. Y nos hacen sonreír. Nos hacen sentir inseguridad. Nos llevan a dudar de cuestiones que no fueron nunca motivo de duda. Nos moldean. Nos tranforman de modos que no logramos dilucidar.
Hoy, las inquietudes parecen ser las que alejan el lado más seguro de la cordura. Que halan cada vez con más fuerza hilos demasiado frágiles. Parecen intentar deshacerlos. Están por conseguirlo.

miércoles, noviembre 22, 2006

Paranoia

Nuestros miedos e inseguridades son cuestiones extrañas. Se presentan cuando no los necesitamos, y escapan nuestros sentidos al momento de querer analizarlos o encontrarles significado. A media noche, en esas horas que parecen a la vez interminables y efímeras, aquello a lo que le tememos más, aunque no lo sepamos, o quizás sin querer reconocerlo, se presenta en toda gloria para interrumpir nuestro sopor. Ellos pueden tener distintas formas, o querer despertar distintas sensaciones en quienes son sus víctimas en ese determinado momento. Finalmente la motivación es la misma. Enfrentarnos a situaciones, palabras, personas, recuerdos, que simplemente, no queremos ver.
Dentro de los que por las noches suelen visitarme, aquella que llega con mayor frecuencia es la paranoia. Esa que no es racional, pero que a la vez me obliga a analizar de más todas las situaciones que conforman mi vida a diario. La necesidad de aprobación, o quizás de individualidad, se hace presente cada vez que durante el día no tengo las respuestas necesarias como para poder explicarme exactamente qué es lo que mi conciencia quiere de mí. Aparece desde dentro de mis inseguridades, de mis imperfecciones, de a necesidad de darle sentido a cosas que no lo necesitan. Es la que me lleva corrientes que desconozco, o que quiero evitar por no encontrar detalls que me molesten demasiado. Me hace despertar sobresaltada, y encontrar sombras en rincones oscuros de una habitación por lo demás nada amenazante. Es la que me hace recordar pasajes de conversaciones, para desarmarlos al punto que el sentido original se pierde dentro de aquel que mi cabeza paranoica quiere darle.
Es ella la que moldea mi ánimo muchas veces, la que se desespera por hacerme ver cosas que no quiero ver, que se impacienta por mostrarme sentidos ocultos, o por ocultarme los más evidentes. Transforma mis sentidos y reacciones, y logra deshacerme en sentimientos que nunca más experimento, puesto que es este su dominio, el del calor de media noche, la respiración apresurada y los escalofríos a modo de sumisión ante su presencia. Y es que es el único modo que tiene de poder conseguir que las personas que duermen tranquilas despierten en medio de la noche, para hacer nada sino pensar en ella, en lo que está mal, en lo que podría ser mejor, en aquellas personas que importan pero no lo saben, y en las que no importan pero que logran hacerlo gracias a ella. Es la dueña de las discusiones y las conversaciones salidas de la nada la mañana siguiente cuando un mal sueño nos ha perseguido durante todo el día, sin tener cómo más deshacernos de él, que descargando nuestros miedos, o lo que de ellos queda tras sucumbir ante la luz del sol, nos enfrentamos a aquellas personas que importan.
Mis miedos tienen formas interesantes de presentarse, sin hacerlo del todo, o eludiendo mis sentidos lo suficiente para que no los entienda sino hasta bastante tiempo después. Mi paranoia tiene formas de hacerme pensar todo el día en cosas que quizás no requieren tanto de mi análisis como pareciera ser. Pretende hacerme cambiar mis motivaciones y mis reacciones, de forma infructuosa muchas veces, tras no darle real sentido a lo que hace finalmente. Habrá alguna vez una forma de hacerla hablar, en vezde mirarme con expresión de misterio. De hacerla explicarme los escalofríos y los miedos a cuestiones conocidas, el insomnio y las eternas conversaciones solitarias intentando dar con la razón de por qué las cosas no son como deberían, o las personas tienen una opinión distinta a la que creo que lo hacen.

lunes, octubre 16, 2006

Colores Sonoros

Las melodías mueven. Sensaciones, sentimientos, acciones. Es complejo pensar en ellas independientemente de nuestro plano de menor consciencia, puesto que en muchos sentidos, ellas lo configuran a tal grado, que se vuelven en innumerables maneras, en sus matices, en sonidos que llenan espacios, que caracterizan momentos. Tienen la particular capacidad de hacernos olvidar nuestro plano físico, de asistirnos en el proceso de convertirnos en seres etéreos, gráciles, capaces de desentrañar de los rincones de nuestro cuerpo inmóvil, la sensación de libertad que anhelamos muchas veces, en los momentos en que la quietud se hace presente con más fuerza.
Ahora, al hablar de melodías, quizás quiero referirme a sonidos, en general, que se configuran como melodías en nuestro eterno intento de escapar de la realidad. Es así que distintas voces, ruidos, quizás la ausencia de los mismos, dejan marcas en nuestros sentidos, en nuestra piel. El sonido de risa, de llanto, de aire corriendo entre los árboles. Incluso el silencio cálido a media noche. Logran componer una sinfonía armoniosa, logran inquietarnos, sacarnos de nuestro estado habitual. Impacientan, desalientan, conmueven, entregan calor.
Muchas veces son justamente aquellos los que proporcionan escape, consuelo, tranquilidad en los momentos agobiantes. Incluso aquellos que nos sofocan, que ahogan, nos transportan a rincones oscuros, distintos, desconocidos y a la vez familiares. Tienen la facultad de tornarse en figuras vivas que nos rodean, de separase de nuestra imaginación para pasar a conformar planos complejos, coloridos, ricos. Finalmente se convierten en lo que queremos que sean y con eso basta.

martes, septiembre 19, 2006

Cobardía

A veces atreverse a probar cosas nuevas, a cambiar actitudes, a entrar al mar frío, es más fácil que hablar. Hablar sin conciencia, sólo sentimiento. Sin razonar demás, sin querer cambiar a cada instante lo que se está diciendo, o cómo se quiere decir finalmente. Incluso cuando sea lo que más queremos. Cuando es algo más interesante para nuestros sentidos que razonar, que establecer un buen discurso, es dejarse llevar por las palabras. Por las sensaciones que ellas acarrean, por las imágenes que configuran a la vez. Ni siquiera es mirar a la cara, sino exponerse a una reacción distinta a la que se espera. Quizás mejor. Pero dentro de nuestra cabeza, no es lo que esperamos.
Muchas veces la sensación de hormigueo esperando a que esa frase termine, a que el silencio que la sigue se presente, como brisa fría, es mejor que la respuesta. Imaginar colorido tras palabras habladas a media voz. Es temer acercar algo más la vulnerabilidad de nuestra voz. Al desnudar las sensaciones esperadas, los sentimientos perdidos, las imágenes fortuitas construidas en penumbras cálidas, compartidas, se revelan nuestras imperfecciones, nuestros matices, las suavidades y las asperezas. Cuesta atreverse a mostrar alguna marca. Aún más, es difícil lograr que lo que se intenta decir, sea realmente lo que queremos que sea.
Finalmente la sensación de complicidad cuando las palabras han sido pronunciadas, tras largo rato de saborearlas en silencio, significia adentrarse en las frecas olas dejando que la sal se pegue al cuerpo, con un leve escalofrío, familiar, casi un recuerdo. Recuerdo de tantas veces esperar la respuesta indicada. Una vez que el silencio se configura alrededor de la conversación interminable, y la reacción sucede, nuevas imágenes comienzan su proceso. Y entonces el vencer la cobardía anterior se convierte en algo nimio.

domingo, septiembre 03, 2006

Figuras en la Niebla

Hace años que tengo una batalla con la incertidumbre. Hace años que la niebla que se presenta ante mi parece ser demasiado densa como para atravesarla. Hace años contemplo lo que parecen ser figuras que no tienen lìneas claras que las definan.

Hoy sin embargo, la incertidumbre parece una oportunidad. La posibilidad de imaginar lo que está detrás de la niebla, de conectar puntos, de inventar voces, caras, sentimientos. Hoy parece ser que lo que antes fue amenazante, hoy invita a ser descubierto, o a jugar con el hecho de que quizás nunca lo descubra del todo. Las figuras que hoy se mueven detrás de aquello que no conozco, que no logro comprender, parecen quere acercarse. Quizás tiene más que ver con querer alejarme del punto seguro desde donde observé lo desconocido por tantos años.
Hoy, estoy en tregua con la incertidumbre, con el espacio que separa lo que conozco con aquello que queda por conocer... Sólo queda en medio aquello que quizás nunca logre entender. Hoy, me parece cómodo.

viernes, junio 02, 2006

Sonidos Callados

Pienso en palabras cómplices. Esas que tienen por gran propósito el genenar en quien las recibe las expresiones más puras, esas propias del sentimiento instantáneo, de los secretos bien guardados, de los planes hecho con cuidado. Son sentimientos que emanan del silencio compartido, de miradas profundas, controladas.
Lo mismo llevan las melodías que, en el silencio de la noche, fría y seca, logran mover a las personas que las oyen.

viernes, mayo 26, 2006

Pasajes Intrincados

Los recuerdos son los recursos más poderosos que poseemos. Nos permiten idealizar lo que queremos, y olvidar lo que no nos sirve. Son tan volátiles como queramos que sean, o permanentes en nuestra vida si así lo deseamos. Es gracias a nuestra noción de "recuerdo" que terminamos por definirnos, dado que será gracias a ello que filtremos aquello que nos identifique, y que se ajuste a la misma.
Es de ese modo que cumplen una función distinta cada vez que los utilizamos, cual herramienta de aprendizaje, sananción, conciencia, o lo que sea, siempre podemos ajustarlo a nuestras necesidades.
Quizás es por lo mismo, que cuando intentamos hacerlos objetivos, y hacer de nuestra memoria una fuente de verdades, que podemos terminar tristemente decepcionados. La memoria no tiende a ser lo mejor para este tipo de tarea, pues ella es - por gusto propio o por el de su dueño - caprichosa, rebelde, incapaz de ajustarse a los límites necesarios para hacer de ella algo útil más allá de lo que es capaz de ser. Eso es lo que buscamos.
Por eso nuestros recuerdos engañan, pintan ilusiones que nos mantienen en vela a media noche, o nos ayudan a dormir con más tranquilidad, sólo para alejarse de mejor, y en mayor medida de la realidad que vivimos, donde aquellos recuerdos inexistentes en el plano material, puedan ser verosímiles y duraderos. Finalmente las ilusiones deben desvanecerse, y debemos volver a dormir, a pensar en la habitación oscura y la cama vacía, o bien despertar y encontrar caras familiares, actuales, no las de nuestra memoria.
Los recovecos tranquilos de nuestra memoria en que yacen los recuerdos son la mejor fuente de alimento para nuestra tranquilidad y nuestra exaltación, para las emociones, las lágrimas, las sonrisas y razón de por qué finalmente cuesta deshacerse de ellos, de la sensación de total certeza que entregan, aunque ella esté construida en el aire, aunque de nuevo, tengamos que despertar...

miércoles, mayo 10, 2006

Placeres Esenciales

Muchas veces las ganas de tener secretos son mayores de lo que a los seres humanos nos gusta reconocer. Esa sensación de tener algo que nadie puede quitarnos por el simple hecho de que nadie sabe que lo tenemos, o lo que podría suceder si dejasemos de hacerlo. Es agradable sentir ese calor sabiéndolo propio, denso, recorriendo nuestro interior, nuestras sensaciones como una nube de humo, tibia y cadenciosa.
Es simple. Como individuos parte de un mundo sensorial, tendemos a dejarnos llevar por sensaciones, producto de nuestra interacción con el medio. Es gracias a ello que nos guiamos, que recorremos caminos llenos de imágenes y personas, que buscamos poder relacionar. Es a raíz de momentos como esos que logramos moldear nuestro gusto, nuestra intención. Es lo que me lleva a pensar en la esencia del placer, aquello que nos brinda bienestar, tranquilidad. Es poder sentir, sin nada más, esperando espacios en penumbra, con melodías suaves, que nos lleven al lugar exacto donde pretendemos encontrarmos.
Es placer puro.Y es que el placer en sí no debe ser más que eso, algo simple, que siendo eminentemente producto de experiencias, nos ayuda a relacionar ideas, personas, objetos. Es gracias al placer que generamos recuerdos, y por ende, un sendero.
Por estos días la tenue luz y el silencio son placeres, las hojas siendo llevadas por la brisa y las mañanas frías. Todo constituye una imagen propia, única de la que no puedo despegarme aunque quisiera, la que representa un capítulo que creo, recién empieza. Es casi como la sensación de incertidumbre al observar un libro, un buen vino, donde buscamos la sensación sin saber lo que ella nos depara, esprando poder hacerlo nuestra, temiendo que termine. Creo que lo único que extraño ahora mismo, es tener a alguien más bajo esa luz tenue con quien poder sentir y yacer en silencio.

martes, mayo 09, 2006

Desorden

El desorden es algo natural en la vida de las personas. En distintos grados y de diferentes maneras, pero aquel siempre existe con nosotros, no importa cuán grande sea el esfuerzo que hagamos por deshacernos de él. Pues aún cuando parezca inexistente, es sólo porque no aparece en la superficie... Quizás en nuestro interior aún exista.
Es fácil pensar en el concepto de desorden como algo físico, propio de espacios dejados de lado, de recuerdos innecesarios, de conjuntos inservibles, de memorias olvidadas. Sin embargo, elllo representa algo más allá que espacio con objetos que no usaremos ya, pues nos lleva lejos, hacia la representación de sentimientos, quizás nuestro parecer ante la vida, quizás algo más. Incluso aquellas personas que se oponen por naturaleza al hecho de admitir desorden tienen una postura ante éste, aquella de no dejarse dominar por él, de querer vencerlo, de no permitirle un lugar dentro de sus espacios físicos, pero más allá, dentro de su fuero interno, casi como su esencia.
Hay otros planos de desorden, aquel de ánimo, de ideas, de sentimientos. Es el último el que más importancia tiene, quizás por un orden sucesivo de eventos, dado que es a través de sentimientos ordenados que impulsamos ideas y por último acciones a su vez ordenadas. De otro modo hay un elemento de impulso que muchas veces no hace sino presentar guías efímeras que se convertirán a la larga en lastre para nuestra razón.
Triste es pensar en que debido a ello juzguemos acciones y propósitos erradamente, y que terminemos"deseando" antes que "razonando"... Todo debido a un mal sentido de la organización, a una sensación de desuso, a la idea de que habrán sentimientos, recuerdos, figuras que no veremos más, pero que permanecen presentes, incluso cuando pretendemos lo contrario.

sábado, abril 29, 2006

El poder de la Ausencia

Muchas veces, más allá de lo que vemos y de lo que realmente nos percatamos, es la ausencia lo que nos mantiene cerca de las personas. Es el saberlas vivas, lo que a nosotros nos mantiene vivos constantemente en su recuerdo y a ellos en el nuestro. De otro modo, estarían dadas por sentado insertas en nuestro plano, y carecería de gracia pensar en ellas, en qué aventuras viven, en qué miedos sufren, si piensan en nosotros o no, porque simplemente podríamos mirarlos a la cara y preguntarles, y eso, también carece de gracia.
Es gracias a la ausencia que los pequeños fuegos se hacen grandes hogueras, gracias a la intensidad del sentimiento que los aviva, y a la intención de mantenerlos vivos en nuestra conciencia y en nuestros actos. Es gracias a la ausencia que sentimos esa comunidad con quienes no vemos, puesto que sólo hay tiempo y capacidad de pensar en aquello que nos una a las personas, no a lo que nos distancia. Si estuviesen con nosotros, sentiríamos la necesidad de mantener un espacio alejado de aquellos seres, sólo para que esa lejanía autoimpuesta haga su trabajo y de algo nos sirva, para recordar a la persona y después de un rato querer verla de nuevo.
Sin embargo, creo que aún cuando las personas estén a nuestro lado, si la ausencia va más allá de su mera presencia, y desata en nosotros sentimientos, entonces, por lejos que se encuentre, o incluso a nuestro lado... Aún desearemos su compañía.

jueves, abril 27, 2006

El Poder del Silencio

Es al medio de la noche, cuando despireto y todo alrededor mío está más quieto y silencioso que parece más comprensible el mundo que me rodea. Es gracias a ese oscuro silencio, tranquilo y tibio, que puedo pensar con más claridad acerca de lo que espero de la vida, y lo que creo, ella espera de mí. En realidad, son en aquellos momentos que creo percibir la real esencia de la vida.
Es entonces que recuerdo a las personas que no están y a las que me gustaría que estuvieran, que se me ocurren las historias y recuerdo melodías. Es el minuto más pacífico que encuentro, y a la vez el más activo.
Es gracias a ese silencio cadencioso, denso, que logro viajar hasta donde no creí que llegaría, a visitar lugares desconocidos mas familiares, y caras familiares pero desconocidas... Es el mejor momento para apreciar lo majestuoso del mundo. Bendito Insomnio.

lunes, abril 10, 2006

Piezas y más Piezas

Me llama la atención de sobremanera la forma en que trabaja la inspiración, entendida como aquella fuerza que nos permite crear ideas a partir de otras anteriores que despierten algo en nuestras cabezas. No lo hace de manera que veamos algo que nos "inspire" y de inmediato logremos finalizar esa obra maestra que ha dormido plácidamente en nuestras cabezas por años... Requiere algo más de trabajo.
Por lo general, llega por partes, requiriendo un conjunto de situaciones e imágenes para poder lograr un producto final de nuestra autoría. La verdad no son más que piezas sueltas esperando a que algo dentro nuestro empiece a mirarlas detenidamente y a buscar cómo armarlas. Lo interesante acerca de ello además, es el hecho de que después de varios días o semanas contemplando nuestra labor terminada, las ideas que puedan surgir lo hagan otra vez desde aquellas piezas, y no de nuevas ideas sueltas. Tendemos a acumular aquellas piezas para el momento en que podamos usarlas finalmente, lo único que esperamos es la primera que nos permita continuar armando más adelante.
Y es que en realidad son pocas las ideas originales que manejamos, las demás solemos "pedirlas prestadas" a otros autores anteriores, y juntarlas todas como mejor podamos, para lograr otras nuevas y esperamos, mejores. Las demás ideas se quedan dando vueltas dentro nuestro hasta que las hagamos salir, sólo para seguir ahí, como un nuevo conjunto, y puedan saalir otra vez. La inspiración funciona de maneras extrañas, y muchas veces tiene que golpear bastante fuerte nuestra puerta como para que le prestemos atención en caso de que realmente lo hagamos. Es interesante pensar que nos inspiramos a partir de ideas repetidas y recicladas, sólo para volver a ordenarlas más adelante.

sábado, abril 08, 2006

El Peso de las Palabras

Es difícil magnificar muchas veces el valor de las palabras, su incidencia sobre el resto y finalmente, incluso sobre quien las emite. Ello referido a palabras dichas al pasar, al tenor de una conversación sin mayor importancia, sin deseo - expreso a lo menos - de impactar profundamente a quien las oye, a diferencia de las conversaciones entendidas trascendentales, o que pretenden lo anteriormente señalado.
Es interesante, sin embargo, pensar en cuánto tendemos a menospreciar el peso de las mismas en situaciones cotidianas, pensando que porque nosotros emitimos opiniones que parecen no tener relevancia, quien nos oye hacerlo piensa igual. No es sino ese punto el más especial de toda la situación, dado que siguiendo esa lógica, aquellos comentarios serán presa de la evaluación de nuestro interlocutor, sin haber sido ese nuestro objetivo en primer caso.
Y será de ese modo que más adelante en nuestra vida, cuando realmente no tengamos recuerdo de ciertas palabras emitidas al pasar, alguna persona nos recuerde por ellas, nos juzgue por ellas, nos desprecie por las mismas, o en el mejor de los casos quizás hasta nos tenga mayor aprecio. Es casi imposible saber, puesto que fue una conversación al pasar, casi como una relación momentánea...

viernes, abril 07, 2006

Las Vueltas de la Memoria

A veces pasa que pretendemos atesorar ciertos instantes de nuestras vidas y conservarlos cuanto más nos sea posible. En ello entran sentimientos, emociones, sensaciones, palabras, sonidos. Todo tiene la capacidad de configurar, de un momento a otro, un punto importante. Lo mismo con las personas, a las que muchas veces pretendemos mantener a nuestro lado mientras más nos sea posible, intentando recordar expresiones y miradas, o a lo menos intentando hacerlo, en una inútil y constante batalla contra nosotros mismos, y nuestras frágiles memorias.
Es mejor muchas veces intentar conservar los recuerdos dulces y tardiós de nuestra memoria, antes que intentar saborear lo mismo con nuevos escenarios y circunstancia. Lo más probable es que los amigos de la infancia sólo tengan en común con nosotros el mismo juego en el patio del colegio, pero más allá, ambas vidas toman un curso diferente.
Quizás debemos estar agradecidos de nuestra memoria, de lo parcial que es, de lo insignificante que le parecen los detalles muchas veces, antes de decepcionarnos por las vueltas que tiende a darle a los hechos una vez concluidos aquellos, o por los eternos anhelos de sonrisas idas y de caminos recorridos. A veces, es mejor quedarse con los anhelos de instantes antiguos entre las manos y en los recuerdos, puesto que las lágrimas que derramamos entonces, son más dulces que las que lloraremos cuando lo que alguna vez tuvimos, no podamos recobrar.

miércoles, abril 05, 2006

Nimiedades Trascendentales

Es interesante el peso de las decisiones, pues por efímeras que puedan parecer, tienden a alterar nuestra total posición en el mundo, dándole más importancia a algunos aspectos, quitándole alguna a otros, en definitiva reordenando nuestra esencia. Después de todo, no somos más que animales de costumbre que deben terminar por adaptarse al medio en que están inserto, medio después de todo maleable debido a todas las decisiones que tomamos.
Es quizás por ello además, que debido a nuestra tendencia a dejarnos llevar por las corrientes eternas que nos mueven a diario, le restamos importancia a nuestro lugar en el medio, a nuestra real tarea en el mundo, y en consecuencia a los propósitos que alguna vez movieron decisiones olvidadas por distintos motivos.
Por cuestiones como estas terminamos caminando sin saber hacia donde nos dirigimos, o persiguiendo fines distintos a nuestros ideales, pues al quedarse parado al medio de la nada, lo único seguro es la corriente más fuerte que sea capaz de guiarnos, aún cuando aquella termine por desviarnos del recorrido inicial que nos planteamos.