miércoles, mayo 23, 2007

Antojos y Cuestiones Simples

Son cosas raras los antojos. Llegan, y tal como vinieron, una vez que nos habemos encontrado con ellos, se van. Son cosas complejas los antojos. Mutan y cambian según les plazca, según el día, según el aire. Y así, van apareciendo uno a uno, y nos dejan con igual facilidad. Hasta que nos hemos saciado de antojo.
Hoy se me antoja ver hojas de colores en los árboles, sentir el aire frío por la noche, escuchar una canción repetidas veces, cantar a oscuras en una habitación vacía, leer frases inconexas que me transportan, sentir el calor de mi cama a media noche, oler la lavanda fresca por la tarde, salir a caminar a ningún lugar, subir un cerro y gritar desde la cima, recorrer el desierto, observar imágenes de cerca, construir imágenes de lejos, hundir mi mano en arena tibia, sentir hojas secas crujir bajo mis pasos, beber té en el momento de frío máximo a media noche, encontrar ojos brillantes en lugares de penumbra, susurrar palabras significativas, sentir el escalofrío provocado por un susurro de palabras significativas, yacer en silencio en el piso de mi pieza, algo salado, algo dulce, pistachos, deshacer hojas de papel entre mis dedos, hacer estrellas de papel, detenerme y pensar nada por un instante, cerrar los ojos y ver exactamente lo que necesito ver en ese momento, encontrar mi voz, encontrar otra voz, descubrir melodías nuevas, descubrir párrafos nuevos, salir y ver el mundo como no lo he visto hoy, hacer nada, pensar en qué quiero hacer cuando despierte en un tiempo más, escribir historias grandiosas acerca de momentos cotidianos, detenerme a contar colores y detalles nimios en mi jardín, mirar las estrellas por la noche, caminar por mi casa a oscuras, andar descalza sobre el piso frío, ver el brillo del mar a medio día, los colores del sol sobre las nubes al llegar el ocaso, un abrazo silencioso, sentir que el corazón está latiendo más apresurado, chocolate y menta, sopa, aroma a café sin beberlo, llenar hojas de pensamientos escondidos en mi pecho, sentir el calor y la comodidad tras leer lo que escribí, soñar con imágenes conocidas y calores agradables, respirar profundo, tener conversaciones incidentales y recordarlas por siempre, llevar un cuaderno con las conversaciones que he tenido y quiero preservar, mirar a los ojos y bajar la mirada, sentir mis manos abrigadas, sentir mi cara fría, sentir la noche húmeda y la niebla que me toca, bailar al compás de la música que suena en mi cabeza, visitar la playa, ir al cementerio, encontrarme con lugares que desconozco en paisajes conocidos, internarme en la nada de los cerros y las quebradas, buscar piedritas de colores, crear, deshacer, esconder, atesorar instantes, atesorar miradas, atesorar palabras, dormir y no despertar más de un sueño cómodo y tibio, despertar, respirar, sentir.
Y así, las cosas simples van y vienen como antojos. Y así, voy armando mis imágenes y mis detalles, y se van llenando las paredes de mi cabeza, de imágenes antojadizas, y se va llenando el espacio de ecos de conversaciones y melodías que son sólo mías. Así se va armando mi rompecabezas. Así me voy construyendo de a poco.