sábado, marzo 24, 2007

De lo Elusivo de las Palabras

Por estos días, las palabras son esquivas. Eluden mi boca y mi puño, y sin embargo, parecen llenar mi cabeza. Confusas, causan revuelo, y hasta parece que mi razón lo disfruta. Me mantienen despierta cuando no debiese estarlo. Me desconcentran, son dueñas de mis desvaríos.
Debería poder controlarlas, ordenarlas en filas uniformes, mostrarles mi autoridad. Pero soy débil, mi carácter lo es. Las palabras se burlan de mi falta de firmeza, y de nuevo corren a esconderse en los rincones de mi conciencia. Se quedan quietas, calladas, hasta que me he cansado de buscar. Ya volverán a pasearse delante mío, y parecerán en sumo interesantes. Se harán notar. Ruidos y destellos, formas inusuales y movimientos apresurados. Todo para hacerme verlas. Para ser perseguidas. Para volver a escapar.
Palabras insensibles. Ignoran deliberadamente mi cansancio tras su acelerado paso por delante de mi razón. No se inmutan siquiera ante mis adoloridos movimientos cada vez que intento atraparlas, saborearlas, hacerlas mías. Porque lo son. Mas se niegan a aceptarlo. Es parte de su obstinación y el dejarlas libres parte de mi débil carácter. Su obstinación es mi obstinación. Y desde ese punto de vista nada puedo hacer para vencerlas. Son ellas quienes dominan mi paso a diario por la tierra, las que determinan los cambios cruciales en relaciones y momentos decisivos.
De pronto me recuerdan algún diablillo vestido de niño pequeño, propio de las historias. Juegan felices, con miradas brillantes y risas alegres. A la vez, la mirada intensa vive en ellas, la mirada poco infantil, los ojos demasiado penetrantes. Es así que logran hacer estragos. Porque se quedan quietas cuando no deben, y de pronto, sienten el impulso inevitable de rondar frenéticamente mi boca, de invadirla y de saturarla.
Será entonces que nada tenga sentido. Se perderán en el aire y se desvanecerán en una carrera apresurada. Y es que en su errático paso pueden ser también dóciles. Dejarse atrapar en movimientos lentos y delicados. Disfrutar el ser perpetuadas en melodías y discursos ricos y densos. En ideas claras, en sueños y recuerdos. Ser parte importante de decisiones, explicaciones mayores. Tienen buenos momentos. Instantes en que se dejan invadir por la luz. En aquella lucidez, brillan un fulgor enceguecedor, quietas, para que el mundo las observe, su brillo, su forma, su color. Sin embargo, su esencia es escapar, y ante eso es poco lo que puedo hacer.
Palabras bipolares. Dementes. En su eterna locura dejan todo revuelto tras ellas. El desorden las hace fuertes. Desorden de ideas, de imágenes, de sentimientos. No queda más que esperarlas. No queda más. Esperar a que me miren con detención y de percaten de mi cansancio. De mi confusión, de lo hermosas que pueden ser, y de lo despreciables que se vuelven cuando no aparecen.
Ya lo harán y será entonces que les mostraré la fuerza de mi puño y la potencia de mi voz. O quizás sólo las guarde, junto con los montones de palabras que yacen inertes entre altos de papeles. Quizás sean melodía clara, o discurso complejo. Tal vez, en el mejor de los casos se conviertan en susurros, en complicidad. Podrían lograr ser parte de otras vidas.
Así pues Palabras, visiten otras razones, paseen por otras cabezas, desordenen todo a su paso. Busquen otras bocas para ser reproducidas. Quizás sean importantes y consigan la inmortalidad. No lo sabrán hasta que no se queden quietas. Palabras esquivas. Tienen todo el poder de ser más grandes que mi vida. Aparezcan. Palabras elusivas. Aparezcan.

jueves, marzo 08, 2007

Crónicas Mareadas

Entre tantas cosas, busco, y no encuentro. Busco pertenencia, busco empatía, busco contacto. Y entre tantas sonrisas y tantas miradas, no encuentro. Y de pronto parece que el brillo y la luz y las miradas se esconden tras los rincones oscuros de habitaciones vacías. Entre la niebla, entre recuerdos. Esperaré.
Será que entre mareo y dolor, quiero sentir algo que no existe. Y no sé que es. Y entre paredes que continúan dando vueltas, espero. Espero de paciencia, y no sé que espero. Deseo quizás, pues no espero nada. Y sin embargo, no puedo aceptar nada más que lo que busco, aunque no sepa lo que ello sea. Y entre esa búsqueda me pierdo.
Y no sé si es realmente necesario encontrarme. No aún, no por mí. En el mareo, en el calor, en paredes que dan vueltas, en ojos vacías y máscaras, sé lo que quiero, lo que soy. Casi al cerrar los ojos, creo sentirlo, es casi tangible, y al mismo tiempo se deshace, ínfimo entre mis dedos. De repente, casi puedo sentirlo con certeza, entre insomnio y mareo.
Busco quedarme quieta un instante, deshacer las vueltas de las paredes, el dolor que se aloja tras mis ojos.
Y a cada momento, no sé qué tengo, qué busco. Parece deshacerse con el aire, las ilusiones son tan particulares. uegan con mi voluntad y con mi percepción. Y no sé realmente qué tengo, qué se aleja con cada palabra, y qué se acerca entre paredes movedias y el silencio. Eso, si en efecto algo se acerca, los círculos apresurados me impiden saberlo con certeza. Y en un solo punto, me quedo quieta, esperando el contacto que me detenga, las palabras que me orienten, la mirada y el brillo que me despierten del todo, o me permitan dormir tranquila.
Y no sé en realidad qué es parte de la habitación que da vueltas, qué tengo y qué deseo tener.

domingo, marzo 04, 2007

Sorpresas

Al releer viejos pasajes suelen aflorar recuerdos. Sonrisas o expresiones contenidas. En mi fuero interno reconozco el impacto que habrán tenido, y sin embargo, a mi alrededor pasarán como palabras, planas y de contenido carente, al menos ante ojos poco intrigados. Y entre todo, vendrán también las sorpresas, esas de los sentimientos reprimidos, de los recuerdos olvidados. De las vidas pasadas.
Y me encontraré también con las sorpresas que me traen las palabras enunciadas de formas que ya no recuerdo. El escalofrío de las frases elaboradas con detención. La mirada esquiva de la comprensión silenciosa. Y con ellas vendrá la nueva apreciación de un mundo conocido.
Quizás ya no vea los rincones ni los colores con que aquellas palabras fueron bordades, ni oiga las melodías que movieron ritmos y latidos al escribirlas, pero siguen ahí. Y en el recuerdo y la sorpresa viven para hacerme entender de donde vengo y hacia donde voy. O para dejarme ver cuan lejos me encuentro de lo que fui o no quise ser. O de lo que soy.
Habrá un día en que encuentre nuevamente el brillo de ojos esquivos en la penumbra de la tarde, y más que seguro, líneas serán escritas en su honor. Que murmullos densos vuelvan, que el escalofrío y la sorpresa de lo desconocido siendo desenredado llegue. Las sensaciones, los abrazos, el contacto que hoy desaparece.
Entre tanta línea escrita, me pierdo, y no logro ver el brillo que tengo o puedo tener delante. O quizás no está y las palabras mal escritas me confunden. Su aroma denso y concentrado me marea. Sus recuerdos sorpresivos opacan las sorpresas que podría llevarme mirando a los ojos. O esquivando miradas. Cerrando los ojos, dejándome llevar. Quizás mañana.