El desorden es algo natural en la vida de las personas. En distintos grados y de diferentes maneras, pero aquel siempre existe con nosotros, no importa cuán grande sea el esfuerzo que hagamos por deshacernos de él. Pues aún cuando parezca inexistente, es sólo porque no aparece en la superficie... Quizás en nuestro interior aún exista.
Es fácil pensar en el concepto de desorden como algo físico, propio de espacios dejados de lado, de recuerdos innecesarios, de conjuntos inservibles, de memorias olvidadas. Sin embargo, elllo representa algo más allá que espacio con objetos que no usaremos ya, pues nos lleva lejos, hacia la representación de sentimientos, quizás nuestro parecer ante la vida, quizás algo más. Incluso aquellas personas que se oponen por naturaleza al hecho de admitir desorden tienen una postura ante éste, aquella de no dejarse dominar por él, de querer vencerlo, de no permitirle un lugar dentro de sus espacios físicos, pero más allá, dentro de su fuero interno, casi como su esencia.
Hay otros planos de desorden, aquel de ánimo, de ideas, de sentimientos. Es el último el que más importancia tiene, quizás por un orden sucesivo de eventos, dado que es a través de sentimientos ordenados que impulsamos ideas y por último acciones a su vez ordenadas. De otro modo hay un elemento de impulso que muchas veces no hace sino presentar guías efímeras que se convertirán a la larga en lastre para nuestra razón.
Triste es pensar en que debido a ello juzguemos acciones y propósitos erradamente, y que terminemos"deseando" antes que "razonando"... Todo debido a un mal sentido de la organización, a una sensación de desuso, a la idea de que habrán sentimientos, recuerdos, figuras que no veremos más, pero que permanecen presentes, incluso cuando pretendemos lo contrario.

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