jueves, febrero 22, 2007

Sueños en Claro de Luna

En momentos en que el mundo parece plano, caluroso, carente de vida, hay destellos que consiguen alejarme de los paisajes en que se sitúa mi historia. Y es entonces que los colores se tornan intensos, distorsionan aquella escena y llenan de aire, el más puro, pulmones cansados y ojos vacíos de llanto y apatía. Una vez más la tarde me engaña, y el calor desaparece, entre vueltas e intrincados pasajes, para maravillarme a cada paso. Pasos que no he de dar en realidad. Distancias que no habré de caminar. Serán colores inventados, invisibles, etéreos. Será vida impalpable, inexistente, de mi pura esencia. Serán mis ojos cerrados en una habitación vacía. Serán mis pies descalzos sobre el piso frío. Brisa lejana y melodías envolventes. Y no habrá nada, y a la vez lo tendré todo.
Despacio. Avanzando entre senderos estrechos. Ambientes elaborados, llenos de detalle. Lejanos, desconocidos. Y a la vez, cotidianos. Espacios abiertos, llenos de brisa, fresca y húmeda. Aire dulce. Melodías que comenzarán a llenarme hasta elevarme por completo. Hasta deshacerme por completo. Ojos cerrados. Piso frío. Habitación vacía. A la vez rodeada de agua y ecos, de sonidos y figuras. Aromas. Sensaciones. Desorden.
Habrá de ser una pintura desordenada, caótica quizás. Colorida y en penumbra. Brillante e iluminada. Y entre ella, melodías invasivas, complicadas. Voces peculiares. A la vez majestuosas e imponentes, tanto como tímidas y suaves. Se enredarán en mis cabellos. Reptarán tranquilas por mi cuerpo con sus tonos fríos y cálidos al mismo tiempo. Sin lograr descifrarlas, sólo podré desvanecerme ante ellas. Disolverme en colores y figuras. En aire dulce y contacto de melodías invisibles. E invadida seré libre. Y no habrán paredes sino ecos interminables. Y no habrá calor ni apatía. Sólo luz y brisa fresca. Paisaje vivo y colores brillantes.
Y entonces habré de abrir los ojos, a una habitación vacía, brisa lejana y piso frío, y la tarde seguirá su paso interminable, y yo con ella esperando de nuevo el Claro de Luna.

miércoles, febrero 21, 2007

Vacíos

Palabras vacías. Momentos vacíos. Mirada vacía. Día vacío. Y por ningún lugar, colores ni formas con qué llenarlo. Me desespera el inconformismo, casi tanto como conformarme. Me incomoda en sumo la incertidumbre, el despertar y no encontrar nada delante. Y así me molestan las apariencias, las motivaciones engañosas. La ingenuidad. Y entre tanta cosa incómoda, nada. Sólo vacío. Las pretensiones y las oportunidades inciertas. Y pasa el día, sin conversaciones valiosas. Pasa sin momentos memorables. Una lágrima sola marca la nota de sal en un día insípido. Ni aromas ni colores. Ni recuerdos ni sensaciones. Caras vacías. Expresiones vacías. Lágrimas pesadas. Y entre tanta gente, nadie.
Quiero, y a la vez, no sé que persigo. Deseo, cierro los ojos y espero caer, despertar. Avanzar. Sigo aquí. Sin nada que me mueva. Sin compañía quieta y paciente a mi lado. Sin sonrisas carentes de motivo, ni miradas sin juicio tras ellas. Sin sarcasmos en palabras agrias. Palabras. Sin palabras. Miradas dulces. Recuerdos fugaces. Recuerdos. Sin construcción de memorias. De escalofríos. De brillo en los ojos. Mirada apagada.
Es de esos días vacíos, sin nada que llene, que le de algo de peso, para no irse con el viento de la tarde. Arena, día transformado en arena y polvo entre el viento. Y entre aquel me arrastro lento, porque de permanecer quieta, me ahogo. Busco movimiento. Correr. Levantarme. El vacío me empuja.
Quiero, y no sé qué. Quiero querer. Querer. Descansar de querer. Dejar de descansar. Dejarme llevar, entre la brisa, sin quedarme en el polvo. Brazos que me levanten, sin palabras, sin intenciones. Calor y mirada. Abrazo. Quiero. Y sin embargo, sólo hay palabras, vacío, espacio.
El mundo se llena, y no encuentro colores, ni imágenes, ni sonidos. Miradas vacías, palabras vacías, ojos vacíos. Secos de lágrimas y expresiones. Brillo perdido.
Y continúo queriendo, soñando. Ojos cerrados, brazos extendidos, esperando sentir. Calor, abrazo, mirada. Un abrazo basta para llenar el día. Mañana será otro día.

martes, febrero 13, 2007

Disposición... Humor... Voluntad

Qué determina en realidad la disposición con la cual enfrento la vida es difícil de explicar, incluso de percibir. Basta de segundos para volcar nociones conocidas, para desbaratar figuras delicadamente construidas sobre presunciones frágiles. Al final termina por ser mensurable en cambios de ánimo y comentarios al aire.
Algo más allá de lo que puedo entender determina cómo me muevo entre la gente. Cómo los observo, miro sus ojos, leo sus expresiones. La atención prestada a voces vacías o a suspiros llenos de significado será la distancia entre uno y otro. A veces me gustaría ser menos fría de lo que soy. Y son sonidos y miradas las que me alejan y las que finalmente me encierran en un solo mundo cómodo.
Y hay instantes en que sería agradable poder deshacerse en la brisa. Sonidos y melodías, imágenes, sensaciones - dolores incluidos - que elevan a tal punto que se hace el mundo pequeño. En que es imposible alejarse, contener, sólo contener, ocultar, dejar pasar. Y lágrimas y sonrisas se deshacen dulces en la boca, perpetuando sabores y aromas propios de la vida plena. Más tarde despierto, ahora estoy bien. Más tarde vuelvo a las paredes vacías y a los comentarios pasajeros. A las distancias autoimpuestas. A la necesidad de protección.
Las cicatrices se borran y por un momento las miradas brillan, son honestas y limpias, por un segundo las voces suaves y claras. Por un instante la disposición cambia. Sólo por comentarios al aire. Sólo por dolores agradables. Por experiencias olvidadas. Más tarde vuelvo a las paredes y a los ecos.