En momentos en que el mundo parece plano, caluroso, carente de vida, hay destellos que consiguen alejarme de los paisajes en que se sitúa mi historia. Y es entonces que los colores se tornan intensos, distorsionan aquella escena y llenan de aire, el más puro, pulmones cansados y ojos vacíos de llanto y apatía. Una vez más la tarde me engaña, y el calor desaparece, entre vueltas e intrincados pasajes, para maravillarme a cada paso. Pasos que no he de dar en realidad. Distancias que no habré de caminar. Serán colores inventados, invisibles, etéreos. Será vida impalpable, inexistente, de mi pura esencia. Serán mis ojos cerrados en una habitación vacía. Serán mis pies descalzos sobre el piso frío. Brisa lejana y melodías envolventes. Y no habrá nada, y a la vez lo tendré todo.
Despacio. Avanzando entre senderos estrechos. Ambientes elaborados, llenos de detalle. Lejanos, desconocidos. Y a la vez, cotidianos. Espacios abiertos, llenos de brisa, fresca y húmeda. Aire dulce. Melodías que comenzarán a llenarme hasta elevarme por completo. Hasta deshacerme por completo. Ojos cerrados. Piso frío. Habitación vacía. A la vez rodeada de agua y ecos, de sonidos y figuras. Aromas. Sensaciones. Desorden.
Habrá de ser una pintura desordenada, caótica quizás. Colorida y en penumbra. Brillante e iluminada. Y entre ella, melodías invasivas, complicadas. Voces peculiares. A la vez majestuosas e imponentes, tanto como tímidas y suaves. Se enredarán en mis cabellos. Reptarán tranquilas por mi cuerpo con sus tonos fríos y cálidos al mismo tiempo. Sin lograr descifrarlas, sólo podré desvanecerme ante ellas. Disolverme en colores y figuras. En aire dulce y contacto de melodías invisibles. E invadida seré libre. Y no habrán paredes sino ecos interminables. Y no habrá calor ni apatía. Sólo luz y brisa fresca. Paisaje vivo y colores brillantes.
Y entonces habré de abrir los ojos, a una habitación vacía, brisa lejana y piso frío, y la tarde seguirá su paso interminable, y yo con ella esperando de nuevo el Claro de Luna.
Despacio. Avanzando entre senderos estrechos. Ambientes elaborados, llenos de detalle. Lejanos, desconocidos. Y a la vez, cotidianos. Espacios abiertos, llenos de brisa, fresca y húmeda. Aire dulce. Melodías que comenzarán a llenarme hasta elevarme por completo. Hasta deshacerme por completo. Ojos cerrados. Piso frío. Habitación vacía. A la vez rodeada de agua y ecos, de sonidos y figuras. Aromas. Sensaciones. Desorden.
Habrá de ser una pintura desordenada, caótica quizás. Colorida y en penumbra. Brillante e iluminada. Y entre ella, melodías invasivas, complicadas. Voces peculiares. A la vez majestuosas e imponentes, tanto como tímidas y suaves. Se enredarán en mis cabellos. Reptarán tranquilas por mi cuerpo con sus tonos fríos y cálidos al mismo tiempo. Sin lograr descifrarlas, sólo podré desvanecerme ante ellas. Disolverme en colores y figuras. En aire dulce y contacto de melodías invisibles. E invadida seré libre. Y no habrán paredes sino ecos interminables. Y no habrá calor ni apatía. Sólo luz y brisa fresca. Paisaje vivo y colores brillantes.
Y entonces habré de abrir los ojos, a una habitación vacía, brisa lejana y piso frío, y la tarde seguirá su paso interminable, y yo con ella esperando de nuevo el Claro de Luna.
