viernes, mayo 26, 2006

Pasajes Intrincados

Los recuerdos son los recursos más poderosos que poseemos. Nos permiten idealizar lo que queremos, y olvidar lo que no nos sirve. Son tan volátiles como queramos que sean, o permanentes en nuestra vida si así lo deseamos. Es gracias a nuestra noción de "recuerdo" que terminamos por definirnos, dado que será gracias a ello que filtremos aquello que nos identifique, y que se ajuste a la misma.
Es de ese modo que cumplen una función distinta cada vez que los utilizamos, cual herramienta de aprendizaje, sananción, conciencia, o lo que sea, siempre podemos ajustarlo a nuestras necesidades.
Quizás es por lo mismo, que cuando intentamos hacerlos objetivos, y hacer de nuestra memoria una fuente de verdades, que podemos terminar tristemente decepcionados. La memoria no tiende a ser lo mejor para este tipo de tarea, pues ella es - por gusto propio o por el de su dueño - caprichosa, rebelde, incapaz de ajustarse a los límites necesarios para hacer de ella algo útil más allá de lo que es capaz de ser. Eso es lo que buscamos.
Por eso nuestros recuerdos engañan, pintan ilusiones que nos mantienen en vela a media noche, o nos ayudan a dormir con más tranquilidad, sólo para alejarse de mejor, y en mayor medida de la realidad que vivimos, donde aquellos recuerdos inexistentes en el plano material, puedan ser verosímiles y duraderos. Finalmente las ilusiones deben desvanecerse, y debemos volver a dormir, a pensar en la habitación oscura y la cama vacía, o bien despertar y encontrar caras familiares, actuales, no las de nuestra memoria.
Los recovecos tranquilos de nuestra memoria en que yacen los recuerdos son la mejor fuente de alimento para nuestra tranquilidad y nuestra exaltación, para las emociones, las lágrimas, las sonrisas y razón de por qué finalmente cuesta deshacerse de ellos, de la sensación de total certeza que entregan, aunque ella esté construida en el aire, aunque de nuevo, tengamos que despertar...

miércoles, mayo 10, 2006

Placeres Esenciales

Muchas veces las ganas de tener secretos son mayores de lo que a los seres humanos nos gusta reconocer. Esa sensación de tener algo que nadie puede quitarnos por el simple hecho de que nadie sabe que lo tenemos, o lo que podría suceder si dejasemos de hacerlo. Es agradable sentir ese calor sabiéndolo propio, denso, recorriendo nuestro interior, nuestras sensaciones como una nube de humo, tibia y cadenciosa.
Es simple. Como individuos parte de un mundo sensorial, tendemos a dejarnos llevar por sensaciones, producto de nuestra interacción con el medio. Es gracias a ello que nos guiamos, que recorremos caminos llenos de imágenes y personas, que buscamos poder relacionar. Es a raíz de momentos como esos que logramos moldear nuestro gusto, nuestra intención. Es lo que me lleva a pensar en la esencia del placer, aquello que nos brinda bienestar, tranquilidad. Es poder sentir, sin nada más, esperando espacios en penumbra, con melodías suaves, que nos lleven al lugar exacto donde pretendemos encontrarmos.
Es placer puro.Y es que el placer en sí no debe ser más que eso, algo simple, que siendo eminentemente producto de experiencias, nos ayuda a relacionar ideas, personas, objetos. Es gracias al placer que generamos recuerdos, y por ende, un sendero.
Por estos días la tenue luz y el silencio son placeres, las hojas siendo llevadas por la brisa y las mañanas frías. Todo constituye una imagen propia, única de la que no puedo despegarme aunque quisiera, la que representa un capítulo que creo, recién empieza. Es casi como la sensación de incertidumbre al observar un libro, un buen vino, donde buscamos la sensación sin saber lo que ella nos depara, esprando poder hacerlo nuestra, temiendo que termine. Creo que lo único que extraño ahora mismo, es tener a alguien más bajo esa luz tenue con quien poder sentir y yacer en silencio.

martes, mayo 09, 2006

Desorden

El desorden es algo natural en la vida de las personas. En distintos grados y de diferentes maneras, pero aquel siempre existe con nosotros, no importa cuán grande sea el esfuerzo que hagamos por deshacernos de él. Pues aún cuando parezca inexistente, es sólo porque no aparece en la superficie... Quizás en nuestro interior aún exista.
Es fácil pensar en el concepto de desorden como algo físico, propio de espacios dejados de lado, de recuerdos innecesarios, de conjuntos inservibles, de memorias olvidadas. Sin embargo, elllo representa algo más allá que espacio con objetos que no usaremos ya, pues nos lleva lejos, hacia la representación de sentimientos, quizás nuestro parecer ante la vida, quizás algo más. Incluso aquellas personas que se oponen por naturaleza al hecho de admitir desorden tienen una postura ante éste, aquella de no dejarse dominar por él, de querer vencerlo, de no permitirle un lugar dentro de sus espacios físicos, pero más allá, dentro de su fuero interno, casi como su esencia.
Hay otros planos de desorden, aquel de ánimo, de ideas, de sentimientos. Es el último el que más importancia tiene, quizás por un orden sucesivo de eventos, dado que es a través de sentimientos ordenados que impulsamos ideas y por último acciones a su vez ordenadas. De otro modo hay un elemento de impulso que muchas veces no hace sino presentar guías efímeras que se convertirán a la larga en lastre para nuestra razón.
Triste es pensar en que debido a ello juzguemos acciones y propósitos erradamente, y que terminemos"deseando" antes que "razonando"... Todo debido a un mal sentido de la organización, a una sensación de desuso, a la idea de que habrán sentimientos, recuerdos, figuras que no veremos más, pero que permanecen presentes, incluso cuando pretendemos lo contrario.