sábado, diciembre 23, 2006

De Desilusiones y Amaneceres

Nuevamente soy amiga de la madrugada. De su eterno y completo silencio. De su cruda honestidad. De su voz, su calor, su prisa y su detención. Madrugada que a diario encuentro despierta. Sueños entrecortados y voces lejanas me llaman, y no tengo más remedio que acercarme y encontrarlas.
Voces que, amargas y frías me obligan a encontrar sentidos que prefiero desconocer. Miradas que prefiero eludir. Sentimientos que no deseo tener. Y sin embargo, ahí en la madrugada, esa de amaneceres y tempestuosas emociones, no me deja eludirlos. Es entonces que sentimientos se agolpan, y sueños desaparecen. Que sensaciones se hacen evidentes, y que el pecho se siente más pesado que otras veces.
Es durante las eternas horas de la madrugada que me encuentro ante las desilusiones y las decisiones erradas. Ante las palabras que no debiesen haber sido dichas y ante las que podrían haberlas reemplazado. Y es ante el silencio que entonces resguarda mi estática presencia que debo encontrarme con las expresiones y memorias de quienes preferiría poder ver que tener que esperar. Y es en ese momento que encuentro todos los posibles argumentos, salidas y pasajes por los que podría salir de esa quietud de madrugada. Mas, no será tal el caso, no lo haré. Continuará la espera, con ella las desilusiones y las decisiones erradas. Algún día, desaparecerán aquellas, y las últimas ya no ocurrirán con tanta frecuencia. Tengo que seguir esperando...

jueves, diciembre 14, 2006

Cuestiones Dolorosas

Es interesante pensar en el dolor. Basamos variados aspectos de nuestras vidas evitándolo. Porque es poco deseable, es dañino, nos aleja de los lugares cómodos donde queremos encontrarnos. Sin embargo, el no sentirlo del todo, nos aleja de la sensación de sentirnos vivos. Ello porque si bien muchas otras sensaciones nos muestran la capacidad de sentir, no todas nos parecen reales. Nos alejan a su vez de los planos eminentemente materiales de nuestra existencia. El dolor nos despierta de parajes de ensueño que inventamos entre recuerdos y melodías.
En distintos niveles, nos libera. Libera sensaciones que, amontonadas dentro nuestro, no pueden liberarse de otro modo que no sea a través de cuestiones dolorosas. Sin dolor, llega la apatía, y con ella, la sensación de estar caminando adormecidos en medio de un mundo de niebla. Niebla que nos impide ver las formas del mismo. Que nos limita.

domingo, diciembre 10, 2006

Inquietudes

A veces es algo frustrante intentar dar con las cosas específicas que molestan, que nos alteran, que desordenan esquemas que nos demoramos bastante tiempo en poder construir. Pueden pasar semanas, meses, innumerables años, en que quizás no sepamos que lo que más nos inquieta, es lo que más conocemos.
Aquello desconocido logra irritarnos, logra agitar los frágiles hilos de los que nuestra cordura cuelgan inmóviles. Y sin embargo, tal como la brisa, una vez que se alejan, también lo hace su efecto. Aquello que es parte de nuestro orden habitual en cambio, parecer ser algo más molesto que aquellas cosas que creemos son más incómodas, por el hecho de ser desconocidas. Una vez que la incomodidad cesa, lo único que nos queda es lo que conocemos.
Son esas sensaciones que se alojan entre los delgados hilos. Que susurran despacio melodías que intentamos dejar de oír. Melodías que nos acercan a nuestros sentimientso, a los escalofríos que nos llenan, a la inquietud que nos mantiene despiertos cuando debiesemos descansar. Son los que llevan lágrimas a salir desde rincones que no pensamos existían. Que nos persiguen de formas que no entendemos del todo. Que nos obligan a sentir.
Las inquietudes de rostros y palabras conocidas son aquellas que más nos afectan. Las que nos llenan, que nos mantienen reconsiderando. Aquellas de las que huímos pues nos presentan imágenes que nuestra racionalidad aconseja dejar pasar. Sin embargo, entre el cómodo hilado de nuestro inconsciente, se mantienen, crecen, nos controlan. Y nos hacen sonreír. Nos hacen sentir inseguridad. Nos llevan a dudar de cuestiones que no fueron nunca motivo de duda. Nos moldean. Nos tranforman de modos que no logramos dilucidar.
Hoy, las inquietudes parecen ser las que alejan el lado más seguro de la cordura. Que halan cada vez con más fuerza hilos demasiado frágiles. Parecen intentar deshacerlos. Están por conseguirlo.