jueves, marzo 08, 2007

Crónicas Mareadas

Entre tantas cosas, busco, y no encuentro. Busco pertenencia, busco empatía, busco contacto. Y entre tantas sonrisas y tantas miradas, no encuentro. Y de pronto parece que el brillo y la luz y las miradas se esconden tras los rincones oscuros de habitaciones vacías. Entre la niebla, entre recuerdos. Esperaré.
Será que entre mareo y dolor, quiero sentir algo que no existe. Y no sé que es. Y entre paredes que continúan dando vueltas, espero. Espero de paciencia, y no sé que espero. Deseo quizás, pues no espero nada. Y sin embargo, no puedo aceptar nada más que lo que busco, aunque no sepa lo que ello sea. Y entre esa búsqueda me pierdo.
Y no sé si es realmente necesario encontrarme. No aún, no por mí. En el mareo, en el calor, en paredes que dan vueltas, en ojos vacías y máscaras, sé lo que quiero, lo que soy. Casi al cerrar los ojos, creo sentirlo, es casi tangible, y al mismo tiempo se deshace, ínfimo entre mis dedos. De repente, casi puedo sentirlo con certeza, entre insomnio y mareo.
Busco quedarme quieta un instante, deshacer las vueltas de las paredes, el dolor que se aloja tras mis ojos.
Y a cada momento, no sé qué tengo, qué busco. Parece deshacerse con el aire, las ilusiones son tan particulares. uegan con mi voluntad y con mi percepción. Y no sé realmente qué tengo, qué se aleja con cada palabra, y qué se acerca entre paredes movedias y el silencio. Eso, si en efecto algo se acerca, los círculos apresurados me impiden saberlo con certeza. Y en un solo punto, me quedo quieta, esperando el contacto que me detenga, las palabras que me orienten, la mirada y el brillo que me despierten del todo, o me permitan dormir tranquila.
Y no sé en realidad qué es parte de la habitación que da vueltas, qué tengo y qué deseo tener.

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